Error estratégico #4: Percepción fatalista
El error estratégico que está deteniendo el crecimiento de tu empresa
Jugar a ganar y jugar a no perder son dos cosas muy diferentes. El liderazgo de toda empresa tiene un acuerdo silencioso sobre cuál de las dos visiones sigue y esto afecta las decisiones que se toman en el camino.
Uno de nuestros clientes en la industria de materias primas tenía dos socios; uno quería explorar otros mercados geográficos, generar encadenamiento vertical, invertir en nuevas capacidades internas y traer el mejor talento posible a la empresa. El otro cuestionaba cada pequeño movimiento operativo, quería contratar el talento más económico posible y mantener una estrategia de protección al mercado actual. Estas diferencias son casi imposibles de conciliar y muestran su peor cara en momentos difíciles.
Durante una crisis como la causada por la COVID-19, uno de los socios exigía restricción absoluta del gasto, detener inversiones y mantener un enfoque operativo hacia la eficiencia. El otro, aunque presionaba por un énfasis en eficiencia, consideraba que la crisis era el mejor momento para comprar a un competidor, fortalecer la estrategia, crear nuevas relaciones con posibles clientes y preparar a la empresa para su evolución y crecimiento regional, que ahora podría desarrollarse de una forma acelerada durante la recuperación económica.
Los que juegan a no perder normalmente tienen una percepción fatalista sobre cualquier suceso. No significa que los que juegan a ganar tienen un positivismo extremo como de personaje animado por Disney, pero sí buscan objetividad en la manera como interpretan y perciben las cosas. Percepción es una de las claves principales de la filosofía del estoicismo - que considero la marca de mi sistema operativo (y recomiendo siempre leer a Marco Aurelio o Seneca) - que ha recuperado, después de miles de años, mucha popularidad en el mundo de los negocios. Esta filosofía enseña a ver las cosas por lo que son, para tomar decisiones sin el velo oscuro del fatalismo, que reduce cualquier posibilidad de crecimiento.
El crecimiento depende de la percepción que los líderes de la organización decidan tener sobre su contexto. El crecimiento no depende sólo de sucesos externos sino de lo que la empresa decide hacer con ellos. Es esta precisamente la razón por la que dos empresas competidoras pueden enfrentar situaciones de contexto similares y generar resultados diametralmente opuestos.
Una visión fatalista sobre el mundo o sobre el futuro trae en sí misma implícita la decisión de rendirnos, tirar la toalla y dejar que la corriente nos lleve a donde decida llevarnos.
Sebastian Falla
Director de Estrategia
RDP Consulting